Vivir momento a momento con intensidad para saber vivir bien ese momento que será el último. Escribe Pablo VI en su Pensamiento sobre la muerte:
“No mirar más hacia atrás, sino hacer gustosamente, sencillamente, humildemente, firmemente, el deber resultante de las circunstancias en las que me encuentro por voluntad tuya. Actuar rápidamente. Hacer todo. Hacerlo bien. Obrar alegremente lo que Tú quieres ahora de mí, aunque supera inmensamente mis fuerzas y aún cuando me pidas la vida, finalmente, en esta última hora”.
Cada palabra, cada gesto, cada llamada telefónica, cada decisión, deben ser la cosa más hermosa de nuestra vida. Reservemos a todos nuestro amor, nuestra sonrisa, sin perder un segundo.
Cada momento de nuestra vida sea el primer momento, el último momento, el único momento.
Santa Faustina Kowalska escribió:
“Si miro al futuro, me asalta el miedo, mas ¿por qué adentrarse en el futuro? Sólo aprecio la hora presente, porque el futuro quizá no habitará en mi alma.
El tiempo pasado no está en mi poder para cambiar, corregir o añadir algo. Ni los sabios ni los profetas han podido hacer esto. Por tanto, confiemos a Dios lo que pertenece al pasado.
¡Oh momento presente!, tú me perteneces completamente.
Por eso, confiando en tu misericordia, avanzo por la vida como un niño, yda día te ofrezco mi corazón, inflamado de amor para tu mayor gloria”.